Uchigawa
La serie surge en Japón, en el marco de una residencia artística en Metropolitan Fukujusou, Kioto.
Durante este período desarrollé un conjunto de pinturas abstractas atravesadas por una exploración emocional, donde cada obra fue construida a partir de mis propios estados internos en diálogo con el entorno.
La práctica se vio influenciada por sensibilidades presentes en la cultura japonesa, particularmente aquellas vinculadas al wabi-sabi, entendido como una forma de atención hacia lo transitorio, lo incompleto y lo no resuelto. En ese contexto, la pintura se convirtió en un espacio donde lo espontáneo y lo imperfecto operan como formas de conocimiento.
Las obras no responden a una imagen previa, sino que se configuran en el hacer, integrando gesto y materia. La serie resultante articula un cruce entre experiencia personal y contexto cultural, donde la superficie pictórica funciona como registro de ese proceso.

Caminos de Kioto
160x120cm
Pigmentos y acrilicos sobre lienzo
La obra toma como punto de partida los recorridos cotidianos durante mi estadía en Kioto. A través de la repetición, esos trayectos dejan de ser ajenos y comienzan a volverse familiares, transformándose en una experiencia perceptiva más que geográfica.
La pintura trabaja sobre esa transición: cómo un espacio inicialmente desconocido se incorpora progresivamente a la memoria y a la mirada, volviéndose parte de un registro interno.

Lycoris Radiata
160x75cm
Pigmentos, pasteles, tintas y acrilico sobre lienzo
Lycoris radiata es una flor presente en Japón, cuya apariencia delicada contrasta con su carácter venenoso. A partir de esa dualidad, la pintura se mueve entre la atracción y el peligro, entre lo que parece bello y lo que puede ser amenazante.
No busco representar la flor de forma literal, sino trabajar desde esa ambigüedad, donde lo que atrae también puede contener algo de riesgo.

Japón en mi
136x160cm
tintas y carbonilla sobre lienzo
La obra surge desde el movimiento del cuerpo en contacto con la tela. A través de una danza inspirada en gestos y tradiciones japonesas, la pintura se construye como una extensión física del cuerpo.
No hay una imagen previa: es en el movimiento, en el roce y en el ritmo donde la obra aparece. El cuerpo no solo interviene, sino que crea, dejando su huella en la superficie

uchigawa
100x70cm
vino y acrilico sobre lienzo
La obra surge a partir de un acontecimiento imprevisto: la tela entra en contacto con vino derramado, que comienza a ser absorbido por la superficie. A partir de ese proceso aparecen formas circulares y tonos rosados que se expanden sin control.
Lejos de corregirlo, incorporo ese desvío como parte de la obra. La pintura se construye desde esa pérdida de control, donde la materia actúa y la imagen aparece.

Yure y Kizu
160x110cm
acrilico y tintas sobre lienzo
La obra parte de un estado de inestabilidad, vinculado a momentos de temblor, caída y tensión emocional durante mi estadía en Japón.

Yuki no Mori
160x115cm
acrilico y carbonilla sobre lienzo
La obra hace referencia al “bosque del coraje”, un espacio al que recurría durante mi estadía en Japón. En esos recorridos por bosques y jardines encontraba un lugar de pausa y claridad, desde donde volvía al taller a pintar.
La pintura surge de ese movimiento entre exterior e interior, donde el contacto con el entorno habilita un estado que luego se traslada a la obra.